La regulación de la IA generativa en la cultura se le atraganta al Gobierno
Un anteproyecto de ley impulsado por Trabajo arranca su recorrido tras dos intentos fallidos de reales decretos y en la recta final de la legislatura, mientras muchos creadores siguen denunciando su desprotección
Han pasado casi dos años, un plazo al que la política está habituada. La tecnología, sin embargo, no entiende de pausas. Era diciembre de 2024 cuando el Ministerio de Cultura lanzó, con un real decreto, el primer intento de regular el uso de inteligencia artificial generativa en las artes. Luego vino otro, de Trabajo. Y un tercero, un anteproyecto de ley que echa a andar ahora. Ninguna propuesta, de momento, ha cuajado. Y muchos creadores ven los meses transcurridos como otro regalo a máquinas que ya se alimentan de sus obras, imagen o voz, se entrenan para robarles el trabajo y ni siquiera pagan por ello. Cultura, a través de una portavoz, subraya “la complejidad de regular la tecnología (cuyos procesos evolutivos son muy rápidos) con normativa cuyo desarrollo y tramitación son más reposados”. Además de dos velocidades, chocan intereses, derechos, millones de euros y voluntades, en el Congreso y dentro del Gobierno. Mientras, las promesas del Ejecutivo de proteger a los artistas siguen sin concretarse. El tiempo, una vez más, corre: falta menos de un año para que termine la legislatura. Y la reciente polémica en Francia que rodea al último libro de Thélyson Orélien, uno de los fenómenos literarios de la temporada francesa que ha sido acusado de usar IA, recuerda lo urgente de acometer la regulación.
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