La serpiente más fascinante y triste del mundo es de Kipling: pasen y vean a la gran cobra blanca de las Moradas Frías
‘El ankus del rey’ es una de las historias más bellas de ‘El libro de la selva’ y tiene una inesperada conexión con el escritor de novelas navales Patrick O’Brian
De entre todos los muchos objetos raros que tengo en casa destaca por su misterio y exotismo un ankus indio o ankusa, una aguijada corta para elefantes, el instrumento tradicional que usan los mahouts o cornacas, los conductores de los paquidermos, para controlarlos. Es como un bichero pequeño. Me lo regaló mi suegra que lo había adquirido hace muchos años en un viaje con su marido a la India y pensó que me haría más ilusión que un reloj o una corbata, y no se equivocó, desde luego. Mi ankus, con mango de madera pintada y punta de bronce con gancho adornada con la figura de un pequeño elefante, no está al nivel de los tan preciosos y valiosos que pueden verse en el British Museum, el Victoria & Albert o el Metropolitan, piezas ceremoniales dignas del Durbar de Delhi y auténticas obras de arte, pero es un objeto hermoso. Aunque no se puede olvidar que, como una fusta, un látigo o unas espuelas, fue creado con el propósito de infringir daño a un ser sintiente. Los mahouts, que han manejado desde hace siglos elefantes —empleados como animales de carga y trabajo y monturas de prestigio y shikar (cacería) en Asia—, los utilizan clavando el pincho en las partes más sensibles del animal como son la boca y la parte de detrás de las orejas. Curiosamente, cuando veo mi ankus, ese mudo contador de historias, pienso menos en elefantes que en serpientes, especialmente en una enorme cobra blanca...
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