Localizado en Cáceres un enclave militar romano construido sobre un asentamiento indígena
Los ocupantes levantaron una doble muralla con terraplén y foso para proteger un “importante núcleo poblacional” de posibles ataques

A finales de la Segunda Edad del Hierro (en torno al 100 a. C.), y coincidiendo con el inicio de la presencia romana al oeste de la península Ibérica, se produce un notable aumento demográfico y la consiguiente construcción de nuevos asentamientos indígenas, a los que se sumó la fortificación en altura de los ya existentes. Y aunque se tienen pocos datos sobre este proceso, la implantación de lo que se llama arqueología no invasiva ―surgida gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías― ha permitido avanzar notablemente en el conocimiento de esta etapa histórica. Este es el caso del asentamiento fortificado del Cerro de la Breña (Talaván, Cáceres), al que los arqueólogos han sometido a una batería de procesos no invasivos (prospección geomagnética, georradar, tomografía eléctrica, LiDAR, cámaras RGB y multiespectrales) que han dado como resultado el hallazgo de un complejo sistema defensivo indígena, promovido por los romanos, para proteger una densa y regular trama urbana del ataque de otros pueblos peninsulares. El asentamiento se levantaba justo en los límites que dividían a lusitanos y vetones. Se desconoce a qué pueblo pertenecía la población amurallada.
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