Los Oscar, desde dentro: una gala “normalita” y una fiesta posterior con mucho “yes, jabugo”
La ceremonia de 2024 únicamente será relevante para quienes allí estuvieron. La interpretación de ‘I´m just Ken’ Ryan Gosling y el Cinco Jotas que se repartió en el Baile del Gobernador, lo más recordado de la noche
J. A. Bayona tenía hambre. El cineasta, que se vuelve a España sin galardón, lo confesaba en el baile del Gobernador, la fiesta posterior a la gala de los Oscar a la que acuden nominados y, cómo no, premiados, puesto que allí les graban su nombre en una plaquita en el galardón. La dorada estatuilla viene limpia de fábrica, y una vez recibida hay que subir un par de tramos de escaleras automáticas en el Teatro Dolby de Hollywood para conseguir que la graben con nombre, apellidos y motivo del premio. Es lo que hace que esa fiesta esté tan llena de famosos (a primera hora, porque desaparecen según les ponen la chapa), con permiso del tequila y del Cinco Jotas. Pero cuando se entra en la gala a eso del mediodía, se acaba sobre las 21.00 y apenas se ha comido, a esas horas hay hambre, ganas, agotamiento y emoción. Todo junto. Y el director nominado a mejor película internacional confesaba que, después de anunciarse que ganaba La zona de interés, se le había abierto el apetito. Seguido de Enzo Vogrincic (actor protagonista de La sociedad de la nieve, emocionado confeso en sus primeros Oscar), buscaron algo de comer antes de marcharse de camino a las múltiples fiestas donde les reclamaban, desde la de Netflix o la revista Vanity Fair a la organizada por Egeda con parte de sus equipos.
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