Los traductores alzan la voz contra el uso de su trabajo para el entrenamiento de la IA generativa
Los profesionales denuncian que se utilizan traducciones sin respetar los derechos de autoría y contra la normativa de propiedad intelectual
En un lugar de La Mancha. In a village of La Mancha. Dans une bourgade de la Manche. An einem Orte der Mancha. Y así en más de ciento cuarenta lenguas en las que se puede leer el Quijote, la obra inmortal de Miguel de Cervantes. Que la literatura cruce fronteras es el valioso trabajo de los traductores, el mismo que llevan haciendo cientos de años. Gracias a ello personajes como Alonso Quijano, el doctor Frankenstein y su criatura, Hamlet, Emma Bovary, Anna Karénina, fray Guillermo de Baskerville o Gregor Samsa son conocidos fuera de los países donde fueron concebidos. Sin los traductores no habría eso que se llama “literatura universal”, pero a veces parece olvidarse que los traductores también son creadores. Una traducción nunca es igual a otra. Hay palabras que se eligen o que se desechan, respiraciones únicas en la puntuación, un ritmo, un estilo que es propio del traductor o la traductora y que se incorpora al del autor de la obra. Con el desarrollo de la inteligencia artificial generativa, los traductores ven en riesgo su labor y denuncian que su trabajo se está utilizando para el “entrenamiento” de programas de IA sin su permiso, sin respetar sus derechos de autoría y contraviniendo la normativa europea sobre propiedad intelectual.
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