Luis Baylón, el gato
El gran fotógrafo madrileño, que retrató su ciudad en decenas de imágenes, ha muerto a los 65 años

Ha muerto un gato en Madrid. Ha muerto el rey de los gatos. Tenía bigote de gato, mirada de gato, risa de gato. Tenía sabiduría de gato. Y cuando caminaba por las calles de Madrid con su Roleyflex sabía ser también silencioso como un gato, y cazar como un gato. A diferencia de los artistas perros (narcisistas, ruidosos, egocéntricos, más enamorados de su propia mirada que de los objetos que fotografían) el artista que fue Luis Baylón tenía el “bajo perfil” de los gatos, y también la extraña inclinación de los gatos por lo lumpen, lo brillante, lo doble, lo golpeado, lo elegante. El artista gato ―a diferencia del artista perro (siempre pomposo, siempre cauto, siempre con un “programa”)― es un improvisador, un superviviente, demasiado consciente de que basta un mal golpe de suerte para dejarte en la calle. Ha probado la calle el gato. Sabe de qué va. Ha dormido al raso alguna noche. Sabe que no hay en ello ningún romanticismo. Preguntadle por sus malas noches al artista gato, como le preguntaban a Baylón por la heroína en los tiempos de la Movida, no os las contará, pero se verán esas noches, filtradas y transfiguradas, elegantes, domesticadas y amadas y bien lloradas, como solo saben hacer magia los gatos y los grandes artistas, en la fotografía de un niño, en la de una mujer que mira los toros, en la de un árbol. Baylón falleció este sábado a los 65 años.
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