Magnum como refugio climático. Y no, no tiene relación con los helados
Al fresco de la galería Ponce + Robles se puede disfrutar de la primera exposición conjunta de las tres fotógrafas españolas de la mítica agencia: Cristina García Rodero, Cristina de Middel y Lúa Ribeira
El verano parece un tiempo propenso para hablar de islas; en el invierno pegan más los refugios. En la versión idílica de las primeras, uno sonríe relajado en largas playas de arena fina y agua transparente; en la de los segundos, la calma llega frente al calor de una chimenea y un paradisiaco paisaje nevado que se ve a través de una ventana. Es verano en Madrid, y en la capital, nada de estas islas y refugios ideales; pero sí de otros. La ciudad se convierte en una gran isla de calor ―como una gran fuente de barro que mantiene la temperatura; esa que cuando sale del horno no puedes tocar durante un buen rato― que necesita refugios climáticos. Refugios que, al contrario que uno de sus significados habituales: lugares para protegerse del frío en la montaña, ofrecen espacios para protegerse del calor del asfalto. Y ante la falta del empuje de las administraciones para crear estos espacios gratuitos, más vale que corra el boca a boca de los que encontramos los ciudadanos. Por eso traigo este, que además tiene que ver con Magnum, los helados no, la agencia fotográfica.
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