Mina, un mito que prefirió la privacidad de su familia a décadas de conciertos y estrellato
La intérprete, que abandonó la vida pública en 1978 y no volvió a pisar un escenario, sigue lanzando discos, y hasta un vídeo con su imagen reproducida con inteligencia artificial. “Nunca ha tomado decisiones dictadas por otros, o el dinero”, dice su hija

Anna Maria Mazzini, conocida como Mina, una descomunal artista que era ya una absoluta estrella a sus 38 años, tenía contratados 15 conciertos aquel verano. Lo raro es que hacía seis años que no salía de gira. La gente estaba loca por verla. Tenía un caché altísimo, de unos 20 millones de liras por concierto. Pero estaba cada vez menos a gusto sobre las tablas. Ese día, recuerdan las reconstrucciones, fumaba algo angustiada mientas el público esperaba en una sala abarrotada. La noche del 23 de agosto de 1978, subió al escenario del teatro Bussoladomani, local nocturno de Marina di Pietrasanta (Toscana) e interpretó su repertorio. Aquella mujer de ojos enormes y espeso maquillaje, que parecía salida de un cuadro de Modigliani, cerró el concierto con Grande, grande, grande y se marchó al camerino sin mirar atrás. Desde ahí escuchó, como escuchaba siempre, cómo los asistentes le pedían un bis. Algo más de ella. Lo que fuera. Pero como acostumbraba, no volvió a salir. Nadie lo sabía entonces, pero se cancelaron las siguientes cuatro actuaciones. Fue su última aparición.
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