Montjuïc: La vida y la bolsa
La diferencia entre la victoria y la derrota es enorme para el Barça. El encuentro marca la frontera entre el abismo y el vuelo, recluido como se encuentra el barcelonismo antes de poder regresar a fin de año al añorado Camp Nou
El Barça y el Nápoles, dos equipos desesperados y también muy pasionales, unidos por Maradona y presididos por dos figuras especialmente populistas, se juegan hoy la temporada en un estadio alejado de la pompa futbolística como Montjuïc. No se trata precisamente de la mejor cancha posible ni de una final, tampoco de un partido cumbre o de una cita única, sino de la vuelta de la ronda de octavos de final de la Liga de Campeones. Ni siquiera ninguno de los equipos está obligado a protagonizar una heroicidad si se tiene en cuenta que la ida acabó con empate: 1-1. A los dos les vale con ganar, ganar tiempo y dinero, una cuestión de supervivencia y por tanto se trata de salvar un ejercicio hipotecado por los resultados y las cuentas, especialmente delicados en un club que empieza a discutir ya sobre el modelo de gestión y de propiedad como es el FC Barcelona.
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