Mountain bike: siempre al límite y a 185 pulsaciones por minuto saltando de roca en roca
La Molina acoge el campeonato de Europa de descenso, una disciplina en la que la fatiga mental resulta más determinante que la física
Diez minutos antes de subirse al teleférico que le conducirá hasta la rampa de salida, el piloto de descenso Martin Maes pide que le saquen el juego. Después, sonríe. Un mecánico le cuelga en un trípode una barra horizontal de medio metro de ancho de la que cuelgan seis cilindros de un palmo de longitud que se desprenden y caen de su soporte cada dos segundos: Maes los atrapa todos al vuelo. Y vuelve a sonreír. Después, agarra su casco, las gafas y los guantes y se va con la bici. Lo que acaba de hacer es simplemente un ejercicio para activar sus reflejos, esos que le permitirán volar ladera abajo sobre su bici, siempre al límite, siempre a milímetros de la catástrofe.
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