Munch, el mago del norte que transformó la angustia en arte
Dos exposiciones en Berlín y Potsdam evocan el impacto que causó la pintura visionaria del autor de ‘El grito’ y su influencia en el expresionismo y en el arte del siglo XX

La primera vez que un entonces desconocido Edvard Munch exhibió su pintura en Berlín, invitado por la Asociación de Artistas de la ciudad, en noviembre de 1892, el impacto fue tan grande que la exposición tuvo que cerrar al cabo de una semana. Al público berlinés le fascinaba todo lo escandinavo, con sus paisajes naturalistas de montañas nevadas, lagos helados y fiordos majestuosos. Pero lo que ahora les ofrecía el joven noruego eran pinturas de trazos nerviosos y casi esquemáticos, de formas fluidas en colores intensos, y en conjunto bastante inquietantes. Munch resultó ser demasiado radical para el conservador arte berlinés.
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