Nadal, luz y sombra de un regreso: el juego contra el físico
El paso por Brisbane certifica su asombrosa capacidad para recuperar su nivel, pero revela a la vez la fragilidad de un cuerpo sujeto a un proceso sin tregua

Se llevó Rafael Nadal el viernes la mano a la región inguinal, miró hacia su banquillo, frunció el ceño y reclamó al médico, de modo que al aficionado al deporte le entró un tembleque frío y repentino, como si la escena condujera de nuevo a la casilla de salida al tenista. Los hay quienes temieron en esas molestias y esas muecas una recaída que, dadas las circunstancias, podría resultar fatal, pero que posteriormente respiraron con cierto alivio gracias al mensaje tranquilizador del mallorquín. “El dolor no era relevante, en absoluto. Siento más algo muscular, y lo del año pasado fue el tendón. Seguro que no es lo mismo”, transmitía el campeón de 22 grandes, confiando en que el episodio quede solo en una sobrecarga muscular derivada del esfuerzo efectuado durante el duelo contra el australiano Jordan Thompson —casi tres horas y media— y los días previos, en los que reemprendió la marcha después de otro año de parón y de penurias, otra vez de mucha reflexión.
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