Ni incendios, ni caídas, ni atropellos: el verdadero miedo de los especialistas españoles es la desprotección laboral
La falta de un convenio colectivo, de un mayor reconocimiento profesional y de una categoría ad hoc en premios como los Oscar o los Goya lastra la carrera de los dobles de acción, a los que celebra la reciente película de David Leitch

De pequeño, Cuco Usín jugaba a “las pistolas”. Como millones de niños de los setenta. Escondites, persecuciones, ¡bang, bang! Aunque el chiquillo tenía una aspiración muy suya: “Todo el mundo decía: ‘¡No me has dado!’. A mí siempre me daban, yo lo que quería era morir”. En sentido figurado, se entiende. Y en ello sigue. Hoy, con 50 años, cree que ahí se asomó por primera vez su vocación. La que le propina a diario caídas, moratones o unos cuantos atropellos de coches. Y, pese o gracias a ello, le hace feliz. Es la misma pasión que sacó a Alejandro Bertero de la carrera de ingeniería, para subirle a una moto lanzada a toda mecha hacia un inevitable impacto. O que hace arder la sangre, pero también la ropa, de Estefanía Martínez cada vez que se quema a lo bonzo.
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