No me olvides
Recuérdame siempre cuando tenía la sangre que no paraba de bailar, cuando el viento tocaba la gaita hasta el canto del gallo
Es de esos que han dado muchos tumbos en su vida. Los párpados los tiene casi rojizos, chambuqueados, grandes como si fueran mejillones pasados por la sartén. Si fueran gaviotas, o mirlos, o lo que fuese, sin duda se echarían a volar. El cuerpo es de esos alargados, un cuerpo de alambre, diezmado por el hambre, un cuerpo que ya no sabe dónde meterse de tanto menearlo. Un paisano con boina, diría, de esos pardillos que llegaron a la ciudad y no saben por dónde empezar ni acabar.
¿Cuál es tu reacción?









