Noah Lyles recupera el trono de los 200m perdido en París
Melissa Jefferson logra el doblete de la velocidad y, ausente Jordan Díaz, Pichardo se impone en el triple y se encara con el mundo
Hay pendencias y pendencias, carácteres simplones y otros complicados. La que la prensa norteamericana relata entre dos casi niños crecidos, Noah Lyles y Kenneth Bednarek, empujones y malos gestos en la lucha por la supremacía en su país, palidece al lado de la que Pedro Pablo Pichardo mantiene inflamada con el mundo. Después de ganar de una forma soberbia, a la cubana, con 17,91m en el sexto intento la final de triple salto que echó de menos al campeón olímpico Jordan Díaz, el saltador portugués, adrenalina y testosterona brotándole, un manantial, por los poros, más airado que feliz, hace una medio cobra al sorprendido italiano Andrea Dallavalle (17,64m, también en su sexto intento, cinco minutos antes), al que en el último segundo ha sacado de la boca el caramelo de la medalla de oro y que se acerca humilde, mano extendida a felicitarle, salta las barreras que le separan de la cámara de televisión más cercana y ocupando todo el objetivo con su rostro congestionado, le espeta al mundo, “¿quién es el mejor, baby?” La mala idea lleva a pensar que el baby, más que un genérico rival es personalmente en persona Jordan Díaz, al que suele llamar el niño, que le derrotó en 2024 tanto en el Europeo como en los Juegos, pero el español contestó rápido en la red. “¿Iba por mí? Pero si yo no competí”.
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