Oda a los porteros
Es más fácil enamorarse del que se acerca a la portería que del que vive en ella, pero los buenos guardametas tienen el pedigrí de los héroes
Tuvo que ser un poeta. Un marinero en tierra, un exiliado, un hombre que sería obligado a retener imágenes para poder recomponerlas mentalmente cuando quisiera. Fue Rafael Alberti quien se dio cuenta de que el jugador que merecía el premio, una oda en la portada de un periódico, por ejemplo, era el portero: Franz Platko. El guardamenta del Barcelona, de origen húngaro, jugaba el primer partido de la final de la Copa contra la Real Sociedad en el Sardinero, el estadio del Racing de Santander. Era 20 de mayo de 1928 y Alberti estaba ese día en la grada. El partido no pintaba bien para el Barça cuando Cholín, delantero de la Real, enfiló el tramo final hacia la portería, al espacio del campo donde el 11 contra el 11 se convierte en un duelo del Oeste.
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