Que nos quiten lo bailado
El nuevo libro de Ricky Gil ofrece el viaje a una época donde los melómanos no se definían por exclusiones: uno iba a ver todo

Yo lo sospechaba pero Ricky Gil, que conoce el paño, lo confirma tajantemente: “Los músicos se dividen entre los que solo salen de casa cuando tocan ellos y los que, además, forman parte del público en general, conscientes de que cada noche puede deparar una sorpresa”. Yo lo ampliaría aún más: los que nunca compran discos y los que buscan afanosamente nuevos (o viejos) sonidos.
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