Remco Evenepoel ya es campeón olímpico, lo que Eddy Merckx nunca consiguió
En una accidentada y lluviosa contrarreloj por el centro de París, el belga se impuso al italiano Filippo Ganna y Van Aert, plata y bronce
La tecnología odia a la fuerza. Los materiales se rebelan contra la voluntad de Oier Lazkano, que pinchó en el Tour en el momento clave de la grava de Troyes, la etapa que más deseaba, y, tres semanas más tarde, un cambio electrónico se rebeló en la contrarreloj olímpica. Lazkano salió a tomar París y en la Bastilla, justamente, dijo basta, traicionado por los cambios de su bicicleta, un solo plato, 60 dientes, que se quedaron bloqueados en el momento de la revolución. El mando del manillar de contrarreloj no funcionaba. La cadena se quedó clavada en un piñón duro y salía con tanto desarrollo de tanta curva, 27 en total, que le costaba Dios y ayuda volver a coger cadencia. Y, dado lo peligroso del recorrido, debía cogerlas con las manos abajo, en el manillar de carretera. Luego, la cadena enloqueció. Se elevó hasta la corona más grande. “Tuvimos que cambiar de bici”, dice Pascual Momparler, el seleccionador. “Fue la sentencia. Se descentró del todo ya. Y es una pena, porque podría haber quedado 10º o 11º…”
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