Rodrygo y la rutina del expectorante: final a su desierto goleador
El brasileño, que sigue la costumbre de aplicarse crema en el pecho para respirar mejor, marca 936 minutos después. Bellingham, cargado en los abductores, no peligra para el clásico, asegura Ancelotti
Braga es un lugar armónico, manejable y excesivamente tranquilo. El típico sitio que algunos en España despejarían con el despectivo “una aburrida ciudad de provincias”. Y encima muy lluvioso. Hasta aquí y hasta un estadio de roca vista le trajo el calendario al Madrid por primera vez en su historia. Una novedad que no alteró la rutina de Jude Bellingham. El inglés apareció en el césped a las 18.33 (hora portuguesa) para inspeccionar el territorio y, como explicó él mismo, visualizar su partido. Solo, vestido de negro y con las manos en los bolsillos, llegó hasta el centro del campo y allí se pasó cuatro minutos en su ensimismamiento, apenas alterado para hacerse un selfi rápido, y saludar un par de veces a la grada y a un utilero. Quizá pensaría en cómo sería atacar contra una enorme piedra en la primera parte y unos árboles en la segunda.
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