Rublev, en busca de la paz que nunca llega
El ruso, citado en la final de Madrid con el canadiense Auger-Aliassime, lucha contra su tendencia volcánica para dar, por fin, el salto competitivo que se le resiste
Andrey, se dice y se sabe entre bastidores, es un tipo peculiar; un pequeño diablillo, se advertía ya entonces, en aquella ya lejana serie que disputó España en 2015 en Vladivostok, allí donde termina la ruta del Transiberiano. Entonces, 17 años, superó a Pablo Andújar y ya dejaba ver su calidad tenística, pero al mismo tiempo se comentaba que el chico tenía un carácter más bien especial. “Es una bomba”. Dos Rublevs: uno en la pista, otro completamente distinto fuera de ella.
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