Saber leer el cielo
El 1 de enero, en medio de un mundo que se descompone, fue el entierro de Severino
Seve, Severino, murió el 31 de diciembre de 2025. Tenía 99 años, los ojos casi grises y las yemas de las manos ásperas. Sabía ver el futuro porque miraba el cielo y éste le decía cosas: si iba a llover, si sería un buen año para el campo. La razón era una brisa y su lengua era la de los refranes. Trabajó en Ubierna, Burgos, en el campo, toda la vida. Vivió con su mujer, “la Emi”, y juntos criaron a sus dos hijos, Rubén y Juanma. Hacía dos años que se había quedado viudo, hacía dos años que se había convertido en un hombre aún más flaco, aún más enjuto, con los ojos aún más grises. Hacía dos años que acompañaba a su hijo a ejercer de cartero por los pueblos. Cuando murió “la Emi”, Seve le dijo a don Pedro, el que había sido el párroco del pueblo: “Cuando yo muera, quiero una homilía como la de la Emi”. Sencilla y corta.
¿Cuál es tu reacción?









