Sagarra y el legado Gracq. Y una petaca
Igual que se hereda una llama olímpica, heredé del amigo Joan dos objetos que para mí han pasado a ser sagrados
Igual que se hereda una llama olímpica, heredé del amigo Joan de Sagarra, a lo largo del último año y en sendos gestos muy obviamente deliberados, dos objetos que para mí han pasado a ser sagrados. Uno es su legendaria petaca de whisky Jameson en la que grabó su nombre. Y el otro, una reliquia, una primera edición de la obra maestra Le rivage de Syrtes dedicada por su propio autor, Julien Gracq: “A Monsieur Joan de Sagarra…”.
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