Sinner, un número uno dentro de su caparazón
El italiano solventa el debut en Nueva York (2-6, 6-2, 6-1 y 6-2 a McDonald) en medio de una atmósfera neutra y con perfil bajo: “No era fácil manejar esta situación”
En el contexto más escandaloso del tenis, la paradoja del silencio. Es mediodía en Nueva York y en la central de Flushing Meadows, pocos aficionados a esa hora, juega el número uno del mundo, Jannik Sinner, el hombre al que casi todo apunta y que es recibido y despedido de forma neutra. Palmas protocolarias, pero las justas. Ausencia de juicio alguno. Pega el sol como todos estos días y la característica humedad de la ciudad envuelve el episodio, pero en el interior de la caldera, ni frío ni calor hacia el protagonista: ningún signo de pronunciamiento. Entre medias, un partido del montón (2-6, 6-2, 6-1 y 6-2 a Mackenzie McDonald) y nada especialmente reseñable salvo el set concedido por el italiano, quien después se corrige, endereza y progresa de puntillas, como si no quisiera molestar después de la tormenta desatada desde que se anunciara el positivo por el clostebol.
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