Soy Nevenka, soy Gisèle, soy Ana: mujeres que lo desafían todo para que nada siga igual
Tres decisiones valientes individuales fueron capaces de impulsar un cambio de paradigma de lo socialmente tolerable

Hay algo profundamente desasosegante en la película Soy Nevenka, estrenada ayer, sábado, en el Festival de San Sebastián: que ves y casi tocas su angustia y su dolor en cada momento, a cada paso. Los sientes en cada mirada llena de violencia que le dirige el exalcalde Ismael Álvarez, en cada contestación fuera de tono, en cada humillación en los plenos del Consistorio, en cada desprecio ante los compañeros del partido, en cada acercamiento sexual no deseado, en los mensajes obsesivos y constantes, en los insultos, en las llamadas. La violencia ejercida por quien no obtiene algo a lo que cree tener derecho —disponer de otro ser humano— lo impregna todo dentro del cine hasta convertirse en una sensación viscosa de indignación, de asco y de injusticia que tardas en sacarte de encima.
¿Cuál es tu reacción?









