Tres veranos sin Mundial: Italia siente que se extingue como la foca monje
El golpe a la autoestima ha sido muy duro, porque a veces a un italiano solo le queda el fútbol. Es como una más de las bellas artes y les resulta inconcebible que no se les dé bien
Un verano sin Mundial es como cuando te quedaban para septiembre y te dejaban en casa estudiando, viendo desde la ventana cómo tus amigos jugaban al fútbol sin ti. Dos veranos sin Mundial es como el segundo verano que te pasa eso, y te planteas la vida. Tres veranos sin Mundial es una dimensión desconocida en términos de pérdida de identidad para un italiano. Con sentido de culpa, porque intuyen que se lo merecen, como si fuera la enésima confirmación de una decadencia que en este país se vive con fatalismo, como un hecho consumado. Pero esta confirmación es incomparablemente más dolorosa que, por ejemplo, el dato inmisericorde de la deuda pública. “Nos hemos acostumbrado a la mediocridad”, escribe este miércoles un cronista de La Repubblica, Maurizio Crosetti. “Nos extinguimos como la foca monje”, sentencia amargamente.
¿Cuál es tu reacción?









