Un futuro distópico sin cocinas en casa
Se augura el fin del espacio para cocinar en el hogar, pero sin cocina no hay hogar. Preparar nuestros alimentos, decidir cómo procesar lo que nos metemos en la boca, nos hace soberanos, genera lazos y puede tener un efecto ansiolítico
En nuestra primera juventud (¡ay!) uno de mis mejores amigos sufrió una ruptura amorosa muy jevi. El día que todo acabó se fue a la cocina y agarró el cuchillo más afilado. No teman: “Tomatitos o me deprimo”, se dijo. Una frase para la posteridad. El acto de cortar tomates y preparar una salsa con la que inundar un plato de pasta era un bálsamo mental, un gesto ansiolítico para sobrellevar la tragedia que recién le habían anunciado.
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