Un Mundial por si acaso
A medida que avanzan los días, uno tiene la impresión de que la FIFA parece decidida a convencernos de que el fútbol necesita compañía para resultar entretenido
Brasil y Escocia saltaban al Hard Rock Stadium de Miami con esa solemnidad extraña que la gente joven se reserva para los días grandes cuando la realización decidió que lo sagrado podía esperar. Allí mismo, a la salida del túnel, Carlo Ancelotti se fundía en un abrazo inesperado con Ronaldinho Gaucho, instalado a pie de campo como una especie de embajador plenipotenciario de la pentacampeona o santo patrón de las Américas con camiseta de tirantes, gorra invertida y gafas de sol.
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