Un viaje de ida y vuelta al infierno

El campo del cólera estaba compuesto de varios pabellones de madera donde agonizaban y al mismo tiempo parían decenas de mujeres

Ene 27, 2024 - 06:00
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Un viaje de ida y vuelta al infierno

No soy un héroe, ni siquiera un discípulo lejano de Joseph Conrad, pero he realizado algunos viajes al corazón de las tinieblas y he tomado nota de cómo se vive en el infierno. En enero de 1986 una avioneta me había llevado en compañía de Eli Reed, un inmenso afroamericano, fotógrafo de Magnum, desde Nairobi sobrevolando el lago Victoria hasta un punto de la sabana de Tanzania, donde nos recogió un jeep de la ONG Médicos sin Fronteras con otros cooperantes para dejarnos en un poblado de Benako, a 40 kilómetros del campamento de refugiados hutus. En aquella casamata donde nos instalaron había médicos y enfermeras, algunos expertos en logística de supervivencia que montaban letrinas o eran conductores de grandes cubas de agua potable. La primera noche bajo el cielo estrellado de África pensé en aquella España de 1986 que había dejado atrás, en medio de la euforia de la entrada a la Unión Europea, sacudida por la cultura del pelotazo, con los primeros síntomas de lo que iba a llamarse el milagro español, un Madrid en plena Movida, con el PSOE todavía en estado de gracia.

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