Un Wimbledon a cubierto y bajo agua, mucha agua
La lluvia marca una edición condicionada por los trastoques horarios y la humedad, que influyen en el programa, el juego y la asistencia: un 4% inferior a la de 2023
Indisociable del agua, Wimbledon intenta lidiar estos días con el bendito elemento y, al mismo tiempo, enemigo histórico del tenis. Poco importa el pronóstico meteorológico: al final del día, sea a la hora que sea, cae la lluvia. En abundancia. Así que paciencia y buena voluntad, toca. Bien lo sabe el serbio Novak Djokovic, que el domingo empujaba como uno más, junto con los empleados del club, la lona que protegía una de las pistas de entrenamiento. “Es lo que hay, así es este torneo, así que hay que aceptarlo”, decía resignada Paula Badosa, apeada por Donna Vekic. Ese día, la española llegó al club a primera hora al recinto y pese a que su partido estuviera programado para las once, terminó de competir a las siete y media de la tarde. Más de lo mismo para el estadounidense Tommy Paul y Roberto Bautista.
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