Una sartén de asfalto en la Puerta del Sol para freír a los viandantes: “¡Dame una sombra, diosito, dame una sombra!"
El kilómetro cero de Madrid se sitúa en el centro de la polémica por sus escasas zonas a cubierto a pesar de la instalación de 32 toldos por parte del Ayuntamiento
Algunos se agazapan en La Ballena como si fuera un iglú. Algunos como Benjamín Martínez, un ex miembro de la Infantería Marina que llegó como voluntario a la Armada Española hace sesenta años desde Guinea Ecuatorial. El coraje que desprende Martínez tras contar todas sus peripecias es el mismo que hay que tener este lunes para dar un paso más de la boca del metro, y salir definitivamente de este refugio de cristal para adentrarse en la Puerta del Sol. Los termómetros de las paradas de autobús se han venido arriba y marcan temperaturas inverosímiles todavía: 60 grados. La Aemet, más rigurosa, apunta a los 37 poco antes de alcanzar la una del mediodía, lo que será la máxima del día. Martínez, de 80 años, se define como un “amigo de la Puerta del Sol” pues pasa por aquí “día sí, día también” para visitar a unos amigos dominicanos que regentan una zapatería por Gran Vía. El hombre tiene claro que prefiere desafiar a los vigilantes de seguridad que le impiden estar en el interior de la salida del metro —para evitar que se acumule la gente— a poner un pie en el asfalto antes de tiempo.
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