Una visita al Kremlin de la mano de Modest Músorgski
Claus Guth aúna pasado y presente en su nueva producción de ‘Jovánschina’, estrenada con enorme y justificadísimo éxito en la Staatsoper Unter den Linden de Berlín

El estreno operístico más esperado de este final de temporada, antes de que los festivales de verano pasen a acaparar toda la atención, se ha saldado con un éxito incontestable: el público aplaudió con fuerza y generosidad al final de la representación, pero poco después salía a la histórica avenida Unter den Linden de la capital alemana con cara de circunstancias y un nudo en la garganta. No es de extrañar, porque Jovánschina es una ópera que no deja un solo resquicio a la esperanza y que pone muy difícil empatizar con uno solo de sus personajes: con los presentes y con los ausentes. El más notorio de estos últimos es sin duda el zar Pedro I el Grande, al que la censura de finales del siglo XIX jamás habría permitido aparecer representado sobre un escenario. Pero ahora lo vemos crecer literalmente a lo largo de la historia que se cuenta en El embrollo Jovanski o Jovanskismo (no es fácil traducir el título ruso original, que contiene un matiz negativo añadido al nombre del protagonista), ya que él fue, a la postre, el único que salió indemne y, de resultas de ello, su solitario vencedor. Es bien sabido que a Vladímir Putin le gusta considerarse un digno émulo del fundador de San Petersburgo, bautizada con su nombre, por lo que a nadie puede extrañar que, habiendo decidido Claus Guth ambientar el comienzo de su producción en el Kremlin actual, la figura del actual sátrapa ruso sobrevuele también in absentia la inteligente, compleja y turbadora propuesta del director de escena alemán, bien conocido en nuestro país y que estará presente en la próxima temporada del Teatro Real con Mitridate, re di Ponto.
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