Vivir en un cuadro de Sorolla
Llega el verano y todo de nuevo se pone de pie. La noche llega corriendo y el día pasa del limón al naranja, algo que en el cielo uno estruja como si fuera un trapo, o un zumo, algo que nunca termina

A veces, la vida se parece a eso, a un lienzo de Bonnard, o a uno de Sorolla. El sol chorrea por la ventana. Sobre la mesa, perucos, manzanas y, alrededor, el zumbido de las horas. Y, de pronto, la peste se cuela por las rejillas, asalta las murallas, tumba los torreones. A veces eso pasa, que la vida se deshace como azúcar en el agua.
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