Y algunos (como Nadal) creen que ya está todo hecho
Nadal utilizó un argumento tramposo: la raíz del problema no es lo que les pagan a las mujeres, sino la base sobre la que capitalizar su talento
En el año 2007, Venus Williams se plantó en una reunión llena de ejecutivos de Grand Slam, les pidió que cerraran los ojos y les dijo con emoción: “Imaginad que sois una niña pequeña. Estás creciendo. Entrenas lo más fuerte que puedes, con chicas, con chicos. Tienes un sueño. Luchas, trabajas, te sacrificas para llegar a esta etapa. Trabajas más duro que cualquier persona que conozcas. Y cuando lo consigues, te dicen que no eres lo mismo que un niño, que no mereces lo mismo”. Venus Williams tenía el bagaje suficiente como para aparecer en una reunión repleta de hombres trajeados y soltarles una frase que parece sacada de un guion lacrimógeno de Hollywood, si no de una taza motivacional. Pero más allá del talento, sobre su argumento albergaba una realidad incuestionable: sus partidos eran más vistos que los de muchos de sus colegas masculinos.
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