Beyoncé y Karol G rompen la baraja
En 2024, hemos visto cómo el auge de los directos masivos está transformando el negocio de la música
Dicen que puede ser una respuesta instintiva al confinamiento del covid: hablo del fervor contemporáneo por asistir a los grandes conciertos, a los festivales multitudinarios. Resulta que la gran partida se juega ahora en el campo del directo. Conviene reconocerlo: los álbumes, como manifestaciones artísticas, con voluntad unitaria, han perdido relevancia. Se necesitan, claro, para alimentar a las plataformas de streaming, pero allí se trocean y se diluyen en el torrente de las playlists. Acertaban aquellos que comparaban la distribución de la música digital con el agua corriente: necesaria, accesible, barata.
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