El ADN del picaporte, las llaves ensangrentadas, la huella en la botella de vino: pruebas que acorralan a un asesino
El grupo de delitos violentos de la Policía Científica de Madrid realizó 1.477 inspecciones en 2024, que resultan claves para demostrar en un juicio la autoría de un crimen
Cuando la oficial de la policía entró en aquel apartamento cercano a la Milla de Oro de Madrid, se metió en la mente del asesino, como tantas otras veces. Sabía que todo había pasado en siete minutos, los que transcurren desde que las cámaras de videovigilancia del edificio captan su entrada, hasta que se le ve abandonar con una pequeña maleta, en la que todo apunta que transporta el menudo cuerpo de su exmujer. “¿Habéis movido esta mesa? Porque no cuadra con el resto de la habitación”, preguntó a sus compañeros. “Todo lo que pasó sucedió en el salón”, sentencia esta experimentada agente, que centró allí su búsqueda. Y encontró lo que buscaba: el ADN del homicida.
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