El gigantesco toro celta de Villanueva del Campillo no se mueve
Los especialistas reclaman que el mayor verraco vetón de Europa vuelva a su emplazamiento original, de donde salió hace veinte años para ser exhibido temporalmente en la plaza mayor del municipio abulense

En el siglo II a. C., los vetones ―una cultura celta que ocupaba el entro y oeste de la Meseta― alcanzaron un alto grado de desarrollo social y económico que los convirtió en una especie de “Estado tribal”. Se trataba de una sociedad jerarquizada que vivía en asentamientos urbanos fortificados (oppida), regida por una aristocracia militar que fundamentaba su riqueza en la ganadería, reses bovinas y porcinas fundamentalmente. Por eso, colocaban grandes esculturas de piedra de estos animales (popularmente conocidas como verracos) en los alrededores de sus ciudades y en zonas de pasto y manantiales. Una especie de señales que marcaban, entre otros significados, que se accedía a un pueblo prerromano con características propias. Los arqueólogos llevan censados más de 400 de estos ejemplares, unos 200 de ellos solo en la provincia de Ávila. 
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