Hierbabueeeeeeeeena
Sobre perras viejas, cuerpos lentos y una ciudad a la que no le dejan parar

Desde hace unos meses mi perra, Sua, camina considerablemente más despacio. Come despacio, bebe despacio, se tumba despacio. Después de nueve años, por fin parece una mastina de verdad. Su vejez ha ido estirando mi tiempo y acortando nuestro mundo cuando paseamos lentas, muy lentas, y ya no podemos alejarnos tanto de casa. Las cuestas de Madrid caen pesadas sobre nuestros cuerpos, así que evitamos calles como Embajadores o Ribera de Curtidores y de Olivar, Ave María, Zurita o Salitre, ni hablamos.
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