Kaylia Nemour construye castillos olímpicos en el Loira para Argelia
La gimnasta favorita para el oro en asimétricas en la final del domingo debió cambiar de nacionalidad ante las exigencias que le imponía la federación francesa y puede convertirse en la primera gimnasta africana campeona olímpica
Hay una cierta sensación de karma, la venganza de la colonia, el domingo al atardecer en la pirámide truncada de Bercy, imaginería maya junto al Sena. En el centro, y todos los focos apuntándolas, un grupo de gimnastas lloran y lloran y se consuelan entre sí y consuelan sobre todo a la inconsolable Melanie de Jesus dos Santos. Es la tragedia de la gimnasia francesa, tan ambiciosa, tan buena, que conmueve hasta a Antoine Griezmann, espectador aturdido en las gradas. Después de un incidente en el calentamiento –caída en las asimétricas, la líder en el vestuario, Marine Boyer, sufre una ligera conmoción: hay discusiones, pero se decide que compita, y compitiendo el traicionero aparato la traiciona de nuevo, sus manos resbalan y cae--, todo el peso del equipo recae sobre Melanie, de Martinica, que se entrena en Texas con el matrimonio Landi, los mismos entrenadores, el mismo gimnasio que Simone Biles. Tan fenomenal como frágil mentalmente, Melanie se derrumba bajo la presión. Favorita para medalla, Francia no se clasifica para la final. Tampoco ninguna de sus gimnastas para ningún aparato siquiera. Se acabaron los Juegos para ella.
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