Los resentidos
El rencor por la derrota corroe y embrutece el alma: puedes pasar un año entero acordándote de un palo o de una falta que se comió el árbitro antes del gol del empate
Una vez le preguntaron a Giulio Andreotti si el poder desgasta. El siete veces primer ministro italiano, una suerte de belcebú democristiano que tenía siempre listo un hiriente aforismo, respondió: “Desgasta a quien no lo tiene”. Sucede lo mismo con las derrotas y las victorias. Acostumbrarse a ganar tiene ciertos inconvenientes: la arrogancia, la vanidad o esa molesta superioridad moral. Pero la derrota, especialmente en determinadas circunstancias, es un veneno mortal para el alma si uno no sabe digerirla.
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