Luis Mateo Díez, un ‘cervantes’ en el corazón de la fábula
Imaginación, memoria y palabra son los tres pilares que sustentan la obra de un escritor que convierte la palabra en una prosa suculenta

Lo ha repetido muchas veces Luis Mateo Díez: imaginación, memoria y palabra son los tres pilares que sustentan su obra. Y no ya desde su primera novela, Las estaciones provinciales (1982), sino desde casi veinte años atrás, cuando en León puso en marcha, con el compadrazgo de algunos amigos (el poeta Agustín Delgado entre ellos), la revista Claraboya, que era una réplica a la grisácea y tristona poesía social. La combinación de esos tres ingredientes dio en 1986 La fuente de la edad, una novela con alma de fábula que transformaba la vida prosaica en una aventura de fraternidad jocunda rebosante de humor. Ahí estaba la memoria de las rutinas provinciales sublimada por la imaginación de Luis Mateo y por la de sus criaturas. Y ahí estaba, resplandeciendo, la palabra convertida en una prosa suculenta, hecha de casticismo clásico y de giros y jirones coloquiales. Fueron inevitables los premios, el de la Crítica, el Nacional de Narrativa.
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