Luis Mateo Díez y las enfermedades del alma
El escritor, nuevo premio Cervantes, se atreve a mirar a la cara ciertas realidades que muchos no queremos divisar ni de lejos

No tiene piedad con sus personajes, Luis Mateo Díez. “La verdad es que siempre me gustó considerar a mis personajes, más que perdedores, héroes del fracaso”, afirmaba en una entrevista, y estos héroes (que tanto nos recuerdan en ocasiones al ingenioso hidalgo) no pueden dejar de despertar nuestra simpatía y nuestra ternura porque, con frecuencia, sus intentos son los nuestros, y sus chascos, derivados casi siempre de su inexperiencia y sus pocas habilidades sociales, también. Son seres desarraigados, frágiles. Idealistas, románticos. Ilusos e inocentes, incapaces para la vida si concebimos la vida según las pautas habituales y los comportamientos que han de seguirse por tradición: estudio, empleo, boda, hijos. Se dejan llevar por los acontecimientos, les sean o no favorables, porque su carácter no les permite actuar de otro modo, de modo que pueden caer en una abulia que no les ayuda.
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