Pablo Ochoa de Olza, artista urbano: “El grafiti es arte, no suciedad”
El creador se recuerda de adolescente pintando a la carrera en paredes y puertas de Pamplona. Desde entonces, ha compatibilizado el spray con los lápices, tintas o pinturas allá donde encontrara un hueco

Pablo Ochoa de Olza (Pamplona, 56 años) se recuerda de adolescente pintando a la carrera en paredes y puertas de su ciudad natal. Eran trazos y garabatos con los que mostraba los sentimientos furibundos de cualquier chico de 16 años. Desde entonces, ha compatibilizado el spray con los lápices, tintas o pinturas allá donde encontrara un hueco sobre el que hablar de sus sentimientos. Su vida y obra se han ido desplegando en los muros de ciudades como Madrid, Barcelona, Nueva York, Ecatepec (México) o Medellín (Colombia). Padre de cuatro hijos y casado con Marta Arzak (subdirectora del Museo Guggenheim Bilbao) pocas cosas le complacen más que investigar y estudiar, un afán que le ha llevado a convertirse en restaurador de arte antiguo y programador de robots de pintura.
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