Riccardo Chailly se despide de La Scala en San Sebastián con más músculo que tensión
El director milanés clausura la 87 Quincena Musical, en su última gira como titular del teatro, con dos programas de Dvořák, Verdi y Chaikovski en los que participan la violonchelista Julia Hagen y el Orfeón Donostiarra
En el otoño de 1897, con su esposa agonizando en Sant’Agata, medio sordo y con unas piernas que apenas lo sostenían, Giuseppe Verdi envió a su editor las últimas partituras que escribiría: las Cuatro piezas sacras. A Ricordi le confesó que lo hacía “con inmenso dolor”: mientras permanecían sobre su escritorio le parecían suyas; ahora ya no lo eran. Unos meses antes había escrito a una amiga que los grandes dolores no necesitan grandes expresiones, sino silencio, y que toda exterioridad es una profanación. El Te Deum parece escrito bajo esa convicción: un himno de coronaciones y victorias cuyo primer verso Verdi pronuncia con delicadeza y que desemboca en un final de asombrosa desnudez. La nota mi de los violines, suspendida en el cielo de su tesitura; a continuación, los violonchelos y contrabajos, sepultados en el infierno de la suya; y entre ambos la nada.
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