Un desahucio que cuenta una ciudad
El caso de Maricarmen evidencia que hay una forma muy sencilla de atraer inversores inmobiliarios a Madrid: expulsar a quienes aún viven en sus barrios
Ayer empezó el otoño en Madrid, y aunque las temperaturas se empeñaran en negarlo, de repente pareció una ciudad más fría. El desahucio de Maricarmen Abascal muestra la cara más despiadada de una urbe rendida a la especulación, donde las casas no son refugio, sino negocio. Hubo helicópteros, furgones policiales, cargas y violencia. Casi se diría que estaban deteniendo al Chapo Guzmán y no echando a una anciana de su casa. La tuvieron que sacar en camilla.
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