El Festival de Música Antigua de Utrecht cierra su propio círculo con brillantez
La gran cita de la ciudad neerlandesa finaliza con algunas de las mismas músicas con las que empezó, pero con un nivel interpretativo significativamente superior

Aunque en esta edición las cifras han sido menos abrumadoras que en años anteriores (con una oferta de 105 conciertos oficiales—excluidos los gratuitos del Fringe y los del carillón de la catedral— frente a los 128 de 2025), Utrecht sigue siendo el escenario ideal para tomar el pulso del estado de salud de la música antigua, cuyos intérpretes insuflan vida desde hace décadas a la parcela más dinámica, inconformista y —paradójicamente— innovadora del ámbito musical clásico. Raro es el año en que no asoman aquí nuevos solistas o grupos extraordinarios, llamados a perpetuar esta suerte de efervescencia tanto creativa como indagadora: al fin y el cabo, ellos tienen la suerte de recorrer no menos de siete siglos de música, con cientos de obras maestras aguardando aún ser redimidas o firmemente depositadas en el canon, mientras que las orquestas sinfónicas, los teatros de ópera o las agrupaciones tradicionales suelen concentrar su actividad en un lapso de tiempo mucho más reducido, volviendo una y otra vez sobre los mismos repertorios.
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